Cinco herramientas que todo actuario debería tener a la mano, ancladas en el temario de examen de la SOA y la CAS. Del valor del dinero en el tiempo a la credibilidad de Bühlmann: mueve los controles, lee la narrativa y observa cómo cambia el resultado. Complementan las cuatro del Laboratorio de la portada.
La SOA no publica una app oficial de calculadoras, pero su currículo de exámenes (FM, FAM, ALTAM y ASTAM) y el de la CAS definen con precisión las herramientas que un actuario debe manejar. Estas cinco cubren las cuatro grandes áreas del oficio: finanzas, vida, riesgo y daños, más el hilo que las une, la credibilidad. Cada una trae su narrativa y su fórmula.
La narrativa. Un peso hoy no vale lo mismo que un peso dentro de diez años, y toda la actuaría vive de esa diferencia. Descontar y capitalizar flujos es el primer ladrillo: sobre él se apoyan las primas de un seguro, la reserva de una pensión y la valuación de un bono. La anualidad (una serie de pagos iguales) es la pieza que más se repite. Su valor presente \(a_{\overline{n}|}\) responde a la pregunta más frecuente del oficio: ¿cuánto vale hoy una promesa de pagos futuros? Cambiar la anualidad de vencida a anticipada (pagar al final o al inicio de cada periodo) la multiplica por \((1+i)\), un detalle que en pensiones mueve millones.
La narrativa. Un seguro de vida es una apuesta simétrica contra la mortalidad: la aseguradora cobra hoy y paga en una fecha incierta. El principio de equivalencia fija la prima igualando, en valor presente esperado, lo que entra y lo que sale. La prima única neta de un seguro entero es \(A_x\); repartida en pagos anuales mientras el asegurado viva, se convierte en \(P=A_x/\ddot a_x\). Como en los primeros años se cobra más de lo que el riesgo exige, se acumula una reserva: la deuda de la aseguradora con el asegurado, que crece y luego se libera. Esa reserva es el corazón del balance de una compañía de vida y de cualquier plan de pensiones de beneficio definido.
La narrativa. El promedio no quiebra a una aseguradora; la quiebra la cola. Por eso el actuario mide el riesgo por sus extremos. El Valor en Riesgo (VaR) es el cuantil: la pérdida que no se rebasará salvo con probabilidad \(1-p\). Es intuitivo, pero ciego a lo que pasa más allá de ese punto. La Pérdida esperada en la cola (TVaR, o CTE) corrige eso: es el promedio de las pérdidas una vez que se cruzó el VaR, así que siempre es mayor y sí distingue una cola gruesa de una delgada. Solvencia II y el enfoque de capital basado en riesgo mexicano se construyen sobre estas medidas, típicamente al 99.5%.
La narrativa. En seguros de daños los siniestros no se pagan el día que ocurren: tardan meses o años en reportarse y liquidarse. La aseguradora sabe lo que ya pagó, pero debe estimar lo que falta por pagar de accidentes que ya sucedieron: el IBNR (incurrido pero no reportado). El método Chain-Ladder es el caballo de batalla: ordena los pagos en un triángulo por año de accidente y año de desarrollo, calcula cuánto crece la fila típica de una columna a la siguiente (los factores de desarrollo) y proyecta hacia adelante cada año hasta su valor último. La diferencia entre ese último y lo ya pagado es la reserva. Edita el triángulo y observa cómo cambian los factores y el IBNR.
La narrativa. Un cliente tuvo pocos siniestros el año pasado. ¿Es bueno de verdad, o tuvo suerte? La credibilidad responde poniendo un peso \(Z\) entre 0 y 1 a su experiencia individual, y \(1-Z\) al comportamiento del colectivo. Con poca información, \(Z\) es pequeño y confiamos en el grupo; con mucha, \(Z\) tiende a 1 y dejamos hablar a los datos propios. La versión clásica (fluctuación limitada) fija cuántos siniestros hacen falta para credibilidad plena. La de Bühlmann es más elegante: \(Z=n/(n+K)\), donde \(K\) mide cuánta varianza viene del azar frente a las diferencias reales entre riesgos. Es, esencialmente, la misma idea del shrinkage que hoy regulariza los modelos de machine learning.
Estas cinco herramientas son el andamiaje que sostiene una valuación, una tarifa o un dictamen. Explora cómo se aplican en cada especialidad del actuario mexicano.